El legado de la caverna


Actualización 29/08/14: ¡Hola! Tardé un mes en actualizar la historia, debido a que estuve bastante ocupado por el tema de la tesis. También me ocurrieron ciertos bloqueos a la hora de escribir, seguramente debido a ciertas experiencias personales que me han sucedido últimamente. En fin, hablando del capítulo 4 propiamente tal, está nuevamente protagonizado por Valentina, la prima de Diego. Pero esta vez ella está escribiendo más para sí misma que para un lector externo (aunque sí lo tiene en mente a la hora de redactar, como se puede percibir en una interpelación directa que hace al principio). Lo que sucede en el capítulo creo que no es un tema trivial, y no es mi intención banalizar este tipo de situaciones. Pero creo que es necesario ser un tanto explícito, para no ir enmascarando la crueldad de lo que sucede en nuestro mundo, y en las vidas de las personas. Asimismo, cabe mencionar que la manera en que enfrentarán este hecho los personajes, no quiero que se piense como una validación que estoy haciendo de un determinado tipo de conducta. Es más bien una puesta en escena de lo que muchas veces he escuchado que harían ciertas personas bajo esa situación. 

Yendo en esa línea, quiero referirme a algo que me han comentado algunos lectores, o más bien una pregunta que me han hecho ya en dos ocasiones. Esta es, si acaso la historia está basada en algo que me sucedió personalmente, o no. Es interesante observar cómo se pueden borrar las fronteras entre lo ficticio y lo real al momento de leer relatos de este tipo. Pero quiero dejar claro que esto es meramente producto de mi imaginación, y que aunque algunas personas digan que escribo por morbo, en realidad lo que busco transmitir no es una cierta moral o ética como más válida que otra, sino más bien mi intención es plantear ciertas problemáticas que puedan dejar pensando a las personas acerca de sus propias creencias, y las acciones que tomarían en determinadas circustancias. Al igual que con "Éxtasis a la luz de la luna", lo que me mueve al escribir es lograr transgredir lo que se entiende por normal y patológico, para generar reacciones en el lector que vayan desde el horror, hasta la risa, o la excitación incluso. Cualquier reacción es válida. Y mientras logre provocar que los lectores sientan algo, aunque sea malestar o indignación, creo que habré logrado mi objetivo. 

Pues solo eso les quería decir. Ahora los dejo con la novela (en proceso de construcción).
 
Actualización 28/07/14: ¡Hola a todos! He agregado un nuevo capítulo a la historia. Esta vez, el narrador vuelve a ser el psicólogo Alberto. Debo decir que me reí mucho escribiendo el capítulo 3, a pesar de que se trata un tema bastante delicado en el mismo. Es que imaginarme los diálogos en mi cabeza siempre tiene ese efecto.

 ¿Cuáles son los límites de la libertad? ¿Hasta qué punto debemos seguir nuestros deseos más profundos? ¿Son las parafilias un fenómeno controlable, o se imponen frente a las personas? Recuerden chicos y chicas, lo que hace Alberto es lo que un psicólogo educacional no debe hacer, ¿ok? Para que no crean que estoy promoviendo las malas prácticas en la profesión, ¡jaja!
Aunque el texto lleva pocas lecturas, me alegro de que hayan personas que se hayan tomado el tiempo de leerla. ¡Muchas gracias! Sus visitas y sus comentarios me motivan a seguir escribiendo. Espero poder llegar a finalizar este proyecto, y lograr publicarlo como corresponde.

¡Saludos! 

Entrada original: Decidí continuar la historia. Ahora agregué un nuevo capítulo. Espero seguir contribuyendo hasta llegar a construir una novela corta. Siempre me he propuesto escribir una novela, y nunca las termino porque me extiendo demasiado, y quedo desorientado. Me pasó con 1% y me pasó con Caos. Así que ahora mi objetivo es tratar que "El legado de la caverna" no se vuelva demasiado larga y tediosa, pero que aun así pueda cumplir con lo que quiero plasmar en ella.

Parece que me gusta escribir sobre personajes perversos. Quizás sea una forma de sublimación. No me queda más que continuar entonces.


29 agosto, 2014

Colección de imágenes de traps 2D (otokonoko)

Tenía ganas de escribir un cuento, pero me siento bloqueado. Creo que tengo algunos asuntos que resolver a nivel interno antes de poder escribir como corresponde. Así que, para no dejar en abandono el blog, decidí publicar por mientras una entrada para los pervertidos, similar a la que hice sobre chicas 2D, pero esta vez sobre otokonoko (chicos que se visten de mujer), mayormente conocidos como traps.

Esta vez no lo compartiré mediante dropbox, ya que el espacio de mi carpeta se está agotando. Es por esto que les dejaré un enlace a mediafire, para que tengan acceso a una fracción de mi colección. La he conseguido, en su mayor parte, en threads de /b/ y en sad panda. Si alguien está interesado, que me avise en los comentarios, ya que puedo compartir la totalidad de imágenes que tengo (incluyendo shota y yaoi), pero como son cerca de 3100 (abarcando 1,57 GB), me tomará mucho más tiempo en subir por temas de velocidad de mi internet. Aun así, espero que mi carpeta de traps siga creciendo más y más. Y las suyas también, por supuesto, ¡jajaja!

En fin, les dejo el enlace aquí

¡Saludos!

26 agosto, 2014

Los desaparecidos


Déjame contarte, oh, lector, que hubo un tiempo en que las cosas eran distintas. La sociedad actualmente parece haberlo olvidado. ¡Qué desencanto! Estamos en declive como especie. Soñando cada vez menos, atados a realidades mundanas por decisión propia. Porque así fue como lo quisimos. Ese era el final que esperábamos.

Resulta que no éramos los únicos seres que habitábamos nuestras ciudades. Convivíamos con una infinidad de existencias. Espíritus, que hacían más diversa nuestra vida. Un montón de memorias se me vienen a la cabeza. Anécdotas curiosas. Como aquella vez que me encontré con una bella kitsune, mientras me dirigía al trabajo.
-¡Creí que los kitsune solo vivían en Japón! –exclamé, sorprendido. Era normal toparse con un duende, un elfo oscuro, o hasta con un chupacabras, dentro de la región. Pero un yökai, vaya, eso sí que era digno de contarse.
-Habitamos varios lugares. Pero sois vosotros quienes notáis cada vez menos nuestra presencia – replicó la chica-zorro, con tristeza.
-Oh, es cierto – afirmé. -Se han reportado varios casos de desapariciones de Espíritus alrededor del mundo. ¡Qué tragedia!
-Pasamos a ser invisibles al ojo humano. ¡Pero no nos interesa! Vuestra especie es aburrida – añadió, molesta. –Ya no me dan ganas de transformarme. Ha perdido el encanto, juguetear con extraños.
-¡Rayos! – grité, al ver la hora. -¡Llegaré tarde! Lo siento, debo irme.
-Pues vete – respondió. –Aunque… no me molestaría recibir una visita de vez en cuando. No hay mucho que hacer por aquí… No hay bosques que custodiar. Pero es solo una sugerencia.
-Lo intentaré – dije, con una sonrisa, antes de alejarme. La chica-zorro me pareció bastante tierna.

Pero por más que la busqué, no la pude encontrar, durante los días posteriores. Quizás se había marchado. Quizás ya no podía percibirla. Hasta consideré que aquel encuentro pudo haber sido un sueño. Después de todo, nadie en el trabajo me creía. “Los kitsune no existen. ¿Qué no has visto las noticias?”, señalaban. "Ya están extintos".

Mi último encuentro con un Espíritu fue quizás el más penoso. Una mujer de cabello negro, encadenada a un libro, con aspecto melancólico, flotaba cerca de mi ventana.
-¿Anda perdida? – consulté, al verla tan preocupada.
-¿Puedes verme, humano? ¡Qué alivio! Creí que me desvanecía.
-Tranquila, puedo verte –aclaré. –Pero no me pareces conocida. ¿Qué Espíritu eres?
-Soy una guardiana de los libros –respondió. -Soy una de las pocas que quedan. La gente no visita las bibliotecas como antes.
-Oh, vaya – lamenté, sin saber qué más agregar.
-¿Te gusta leer? ¿Quieres compartir algún escrito conmigo?
-La verdad es que no leo mucho. No me queda tiempo – contesté, lo más cordial que pude. La mujer sollozó disimuladamente. Luego reflexionó: -Este es el fin de una era. Cada vez nos relacionaremos menos entre nosotros. Viviremos en mundos distintos finalmente. Cada especie, cada raza, dividida.
-No hay que ser pesimistas. El olvido no puede imponerse. Es solo algo momentáneo.
-Espero que tengas razón, humano. Me ha gustado la calidez de tus palabras – fue lo último que pronunció, antes de marcharse.

Pero estaba equivocado. Ahora la gente ni siquiera los menciona. A los Espíritus. Nuestros amigos. En el olvido quedaron. Productos de la imaginación humana son considerados. Condenados a estar almacenados en libros que quizás nadie vaya a leer. Es algo que me deprime en el día a día. Cuando tengo que entregar cientos de informes apresurado. Cuando el jefe me gritonea por estar mirando el paisaje soleado. Solo me queda el consuelo de que en su propio mundo, los Espíritus hayan podido convivir en armonía. Para que no se sientan solos. No hay nada peor que sentirse solo en esta vida…

Me pregunto si algún día terminaré desapareciendo yo también.

20 agosto, 2014

La palabra que no llega. La palabra que se ha ido.

Recuerdo cuando me gustaba escribir poesías. Me hacía sentir bien. No solo me permitía poder expresar eso que tenía guardado dentro. También me otorgaba cierto reconocimiento. El de mis pares. El de mis profesores. El de mi madre. Todos preferían al poeta, no al chico silencioso y tímido que no se atrevía a saludar a las personas. Pero al menos tenía un espacio. Tenía una etiqueta asignada. La palabrería tenía un efecto en las personas. La palabrería tenía un efecto en mí. A veces yo mismo me sentía poeta. Aunque solo fuese un pretender por tan solo un momento. Pretender que tenía algo importante que decir. Algo que no había sido dicho antes. Algo que se lograba instaurar en ese momento solemne en que lo enunciaba. Aunque solo fuese un pretender. 

Ya han pasado varios años desde que dejé de escribir poemas… Siendo sincero, no los extraño para nada. Al menos no el acto de escribir poesías en sí. Lo que sí extraño, es ese efecto que lograba producir en las personas. Ahora me siento más indefenso. Más inútil. Como si estuviese desprovisto de cualquier instrumento, como para poder defenderme de lo cotidiano. O para poder hacer más bello el mundo que habito. Ahora soy solo yo. Sin palabras hermosas de por medio. Sin palabras reflexivas o melancólicas tampoco. Solo me quedé yo. Patético. Sin gracia. El personaje que dentro de una novela no evoca sentimientos ni suscita admiración. El personaje que aparece en el fondo mientras los protagonistas interactúan. El personaje que debe simular estar haciendo algo, mientras la atención se la llevan otros. 

Siento que he perdido algo importante… Y no sé cómo recuperarlo. 
 


01 agosto, 2014

 
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